¿Cómo separar tu cuerpo de mi cabeza, tu estar de mi ser, mi alma de tu sangre, tu desnudo de mi piel, los cálidos manantiales que fluyen de los maravillosos montes de tus senos de mi insaciable sed? ¿Cuántos cerebros me tendrían que arrancar para que olvide aquel tiempo en el que mi alucinada verga era un niño perdido de la mano de dios en el alucinante valle de tu coño? ¡Ay de mí, preciosidad!, yo que bebí de tu fuente hasta emborracharte, que te desnudé a bocados y te devoré viva, yo que contemplé contigo las nubes dando vueltas en corro alrededor de la luna, yo que sentí al universo desintegrándose en mi interior cada vez que nos besábamos, y ahora, malaya sea mi existencia, solo soy una triste sombra que vaga sin lumbre en los ojos por el oscuro desierto de tu ausencia.
-¡Qué nos queda por ver!, ¡qué no tendremos que oír! Han aprendido de la hostia. Saben latín. Piensan con la cabeza de la Hidra, fabrican realidades, construyen hechos, elaboran noticias, dirigen sucesos, producen acontecimientos, pergeñan bulos, inventan verdades, deciden opiniones, establecen cifras, gestionan percepciones, administran deseos, te aplastan con su propaganda, difunden versiones, elaboran falsas imágenes, propalan infundios, forjan argumentos; concatenan, mediante falacias post hoc, bastardas casualidades, tergiversan la epidermis de los fenómenos para que nadie detecte donde está el cáncer, remueven el fango del estanque con el rastrillo enmohecido de las televisiones para impedir que se vea el fondo donde nadan los reptiles, organizan disidencias, protagonizan rebeliones, mantienen en el tiempo situaciones mutantes, levantan decorados inestables, manufacturan personajes estrafalarios...producen de modo incesante falsas verdades, artículos de uso ideológico destinados a todo aquel que no sienta la necesidad de molestarse en pensar...Todo con tal de que jamás comparezca desnudo el silencio y sólo se oigan en el mundo las múltiples voces de Satán.
-Pero las condiciones se van a volver imposibles y los súbditos tendrán que reaccionar...
-¡Qué cándido eres!
-¿Por qué?
-Soplan ya huracanes en el bosque y no se mueve una hoja.
Escribo y escribo. No escribo y escribo. Escribo y no escribo. Respiro y escribo. Hablo y escribo. Como y escribo. Bebo y escribo. Respiro y escribo. Fumo y escribo. Conduzco y escribo. Me despisto y escribo. Follo y escribo. Duermo y escribo. Sueño y escribo. No pienso y escribo. Amo y escribo. Me desespero y escribo. Agonizo y escribo. Muero y escribo, estoy muerto y sigo escribiendo, resucito y escribo, vuelvo a morir y no dejo de escribir...
No me hables de las prisiones de este mundo. Ni de la tragedia de nacer. Ni del temor a la muerte. Ni de que el espacio es el veredicto y el tiempo la condena. Ni de refugios religiosos. Ni de la consolación que procura el milagro estético. Nada puede detener a una mente soberana ni confinar a un alma libre. Las cadenas se deslizan como serpientes, las celdas corren como gacelas, las jaulas vuelan como águilas reales y las montañas que nos separan de nosotros mismos sólo son las tiendas de campaña de una tribu nómada que mañana ha de partir.
Cualquier gota de agua que caiga sobre el estanque de su cerebro exacerba sus contradicciones y lleva al límite sus opuestos. Su exquisita locura multiplica por infinito las insignificancias del mundo. Es de una sensibilidad que espanta: se asoma a un charco y ve nadando desnudo a Dios, escucha un murmullo y en su cabeza resuena a todo trapo la obertura de Guillermo Tell, palpa con la yema del índice el vacío y siente en cada átomo de su cuerpo la mayestática plenitud del ser.
Antes de que la cavilación sofística haya cargado de palabras la última chispa de conciencia en el hombre, antes de que el ser del hombre y el mundo sean despojados de su divinidad, antes de que el alma pierda todas sus solemnes alegrías, el pavor haya muerto y la esperanza sea imposible Antes de que llegue la profunda noche eterna del alma, ¡recíbeme, ocúltame, sáciame, llévame a casa!
Matthew Arnold, "Empedocles en el Etna", 1852
La cuestión Q. ha sido escrita por el alma en carne viva de un muerto.
Fernando Blanco Inglés, La cuestión Q 2, 2019.
When I am laid, am laid in earth, may my wrongs create No trouble, no trouble in, in thy breast Remember me, remember me, but ah!
Forget my fate
Henry Purcell, Dido y Eneas, 1689
En el infierno de la existencia, sol y arena, arena y sol, danzan como posesas las almas del tú y del yo.
Mi mente menosprecia corte y aldea, ciudad y campo, costa y sierra, noche y día, vida y muerte...clases sociales, etnias, religiones...mi boca sólo tiene alabanzas para ti...mis palabras te pertenecen...mis pensamientos son tus fieles esclavos...mis conceptos nacen de mezclar tu sangre y la mía en la cacerola de la estupefacción.
-¿Dónde estoy?
-Donde nadie sabe
Una grulla de Manchuria sobrevuela el norte nevado de Japón...
-¿Quién soy?
- No eres
Una tarántula azul iridiscente teje su telaraña en un templo budista de Birmania...
- No puedo vivir si mis oídos no respiran el aire de tu pensamiento
Fernando Blanco Inglés "La cuestión Q, 2"
Ed. Contrabando, Mayo 2019.
Maldita época esta nuestra en la que hasta se nos niega la posibilidad de huir; en la que sólo nos está permitido ser embajadores de la muerte, dando vueltas en círculo sobre vertederos iluminados por anuncios de publicidad.
INOCHI MIJIKASHI KOISEYO OTOME
AKAKI KUCHIBIRU ASENU MANI
ATSUKI CHISHIO NO HIENU MANI
ASUNO INOCHI WA NAI MONO O
La vida es corta, enamórate, chica,
antes de que el rojo de los labios desaparezca,
antes de que la sangre caliente se enfríe.
No tendrás nunca asegurada la vida de mañana
INOCHI MIJIKASHI KOISEYO OTOME
KUROKAMI NO IRO ASUNU MANI
KOKORONO HONOO HIENU MANI
KYOWA FUTATABI KONUMONO O
La vida es corta, enamórate, chica,
antes de que el color negro del pelo pierda su fuerza,
antes de que la llama del corazón se apague.
No volverá nunca a repetirse el día de hoy
Leyes no hubo, ni normas abstractas, ni preceptos metafísicos, ni burdas reglas morales, ni órdenes implacables, ni mandatos imperiales, ni ucases incomprensibles, ni decretos despóticos, ni edictos irrevocables, ni imperativos categóricos suciamente segregados por las glándulas delirantes de aquello que los hombres acordaron llamar razón, ni sumisa lectura de absurdas tablas de piedra donde yacen escritas en idioma intransitable unas cuantas letras polvorientas...no, nada de eso hubo, sólo dos que quisieron ser uno durante un breve instante a la luz del sol.