Me arañan los pensamientos, me hieren las ideadme desgarran con sus frigias zarpas los juicios, me matan los conceptos, me entierran las reflexiones, me resucita con transparente fulgor el agua radiante del sueño.
Bendito aquel en cuyos obsequios resulta imposible encontrar, por mas que en ellos se indague, la sombra vitriólica de un nombre
Bendito aquel que sonríe frente al piquete de fusilamiento guiñándole un ojo a los fusiles, cruzando con donaire sus piernas y apoyando su hombreo con inimitable elegancia sobre la sucia humedad del paredón.
Bendito aquel para quien todas las apariencias son anónimas y todas las esencias inexistentes.
Bendito aquel que se interna en un bosque en llamas para salvar del fuego la rama en la que se han de ahorcar los que no resisten el carácter apocalíptico de la existencia.
Bendito aquel para quien la amistad y el amor se hallan situados más allá de toda ley, toda norma y todo tipo intolerante de razón.
Bendito aquel que en cada pérdida irreparable que le depara el destino adquiere, sin necesidad de enterarse, antiguos deseos en cuyas venas alegre circula la resurrección inmediata de la sangre.
Bendito aquel que riega con su llanto los lirios invisibles que luchan por brotar en las avenidas del asfalto.
Bendito aquel que inventa gloriosas atmósferas en los lúgubres sótanos donde se asfixian los cuerpos.
Bendito aquel que en el colmo de su exclusiva presencia-sin necesidad de hueras palabras, afectados actos o varios gestos- impregna de caótica armonía el falso orden del universo.
Bendito aquel que derrama sobre la herida viva que surca su mejilla una lágrima de sangre cada vez que viene un niño al mundo.
Bendito aquel que, conduciendo un camión en alto estado de ebriedad, se estrella contra el barranco del destino por no atropellar los ojos abandonados en mitad de la carretera.
Un largo sinuoso y casi interminable pasillo y al final del pasillo una pared derruida y en el centro de la pared un clavo oxidado del que cuelga un destartalado espejo sin marco en cuyo fondo cada vez que te miras triste y herido comparece vida mia el mas profundo de los vacíos.
Una noche... Una luna llena... Una brisa primaveral... Un verde rumor de hojas... Un sinuoso río aljamiado de temblores de plata... Un remanso acogedor en el que se zambulle un hombre desnudo que ya no es yo.
No es dolor. ni una exótica modalidad de afectado sufrimiento, ni una nimia percepción subjetiva con malsana tendencia a constituirse en abstracta categoría, ni una excéntrica compensación impuesta desde lo más oscuro como pago por efímero placer sentido y olvidado; no, no es dolor, nada que ver con ello, es angustia constante veneno en la sangre, puñal clavado en la yema del alma y una descontrolada bala de plutonio enloquecido circulando sin interrupción por las arterias que conectan con la pasión.
Todo menos nosotros Todo... El misterio del ser El secreto de existir El prodigio inominado El enigma imposible de una vida sin fin. Todo menos vosotros Todo... El amor que nos inunda La gracia que nos anega La dicha inconsciente que enerva con invisibles relámpagos el cielo oscuro de nuestra pasión El glorioso duende que nos anima el misterio que nos sorprende El secreto que nos aniquila Las voces que, más allá del delirio y el frenesí, desde el silencio nos reclaman, alejándonos para siempre de tí y de mí. El placer que pletórico ilumina el instante profundo y la llama inextinguible en la que arden las entrañas de lo que una vez lejana consideramos el mundo.
Es una ballena que al sumergirse provoca agudos estremecimientos en las antípodas desprevenidas del océano.
Es un león cuyos rugidos desgarran la piel espantada de la jungla.
Es un águila que divide en dos al cielo dejando una cicatriz infinita en el aire.
Es un tiburón que muerde con ansia el agua hasta hacer sangrar al mar.
Es una piedra en cuyo seno bailan desnudos los más altos niveles de conciencia metafísica del mundo.
Es una región sin mapa... atravesada por una carretera de la que se desvía un sendero... es un sendero que conduce a una casa... es una casa en medio del bosque... una casa que carece de puertas y ventanas, de paredes y techo, de llave y cerradura... una casa sin elipses ni esquinas... sin vértice sn ángulos... es nuestra casa... la pasión es el único modo admisible de residir en ella... la noche es nuestro lecho y la luna nuestra almohada...
Fernando Blanco Inglés, "La cosa en No". Ediciones contrabando, colección Marte nº 0, 2015
Leyes no hubo, ni normas abstractas, ni preceptos metafísicos, ni burdas reglas morales, ni órdenes implacables, ni mandatos imperiales, ni ucases incomprensibles, ni decretos despóticos, ni edictos irrevocables, ni imperativos categóricos suciamente segregados por las glándulas delirantes de aquello que los hombres acordaron llamar razón, ni sumisa lectura de absurdas tablas de piedra donde yacen escritas en idioma intransitable unas cuantas letras polvorientas...no, nada de eso hubo, sólo dos que quisieron ser uno durante un breve instante a la luz del sol.