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sábado, 14 de marzo de 2015

Filosofía.


La filosofía es literatura teórica. Narración abstracta. Poesía metafísica. Articulación simbólica. Superestructura endiablada de signos. Laboratorio formal de condensaciones. Juego intrincado de categorías que fundamenta la instauración de regímenes binarios con potestad para demarcar campos de lenguaje donde sea permitida la enunciación de un juicio y su contrario sin que ninguno de ambos, lejos de cualquier criterio de verificación, sea correcto ni incorrecto. La adscripción, por tanto, a sus deletéreas tesis viene determinada por posiciones elementales de gusto, diversidades de estilo, clases de interés, pluralidad de razones, oportunismos políticos, afinidades electivas, tipos de vida, géneros de angustia, índoles de perversión y demás tendencias basadas en los polimorfos requerimientos que adopta la necesidad ineludible de alienarse. Así que, por favor, en aras de la deferencia, tengan un mínimo de consideración, defiendan sin artimañas sus veleidades subjetivas ante quien les quiera escuchar y dejen de joder con la verdad.

Víctor Zamora: "Cartas Tibetanas".


sábado, 31 de enero de 2015

FLOTA EL VACÍO



Desaparece el sillón, la chimenea, la sala de estar, las ventanas, la puerta, el viejo caserón, el sendero del bosque, el pueblo perdido, la sierra oculta, el país maldito, el mundo agonizante, el universo decadente, el cuerpo, la mente, el esto, el eso, el aquello, el libro y esa incómoda cosa que no deja de atosigarnos a la que denominamos realidad… Estás leyendo…


Hasta la próxima, sobrinos. Hago votos por vuestra salud y porque vuestra frágil memoria jamás olvide, como preconizaba la abuela, que el infierno no sólo existe sino que además es esto.

Víctor Zamora: "Cartas Tibetanas".

sábado, 22 de noviembre de 2014

¿ESCRIBIR?


Explorar el desierto con el ánimo de no volver sin… dar vueltas y más vueltas… ausente de sí… olvidado del tiempo… sin prisas y atento a que no se te escape una… En los sitios que te señale el zahorí, excavar profundidades remotas con ahínco… sin desfallecer un instante… y no parar hasta descubrir un hueso… por insignificante que sea… con tal de que se halle provisto de un resto de tuétano marcado con las maravillosas letras del ADN… A partir de ahí, estudiarlo con insobornable determinación y reconstruir mediante la paciencia requerida y la pericia imprescindible la osamenta de la bestia sin que falte un metacarpo… suministrarle los músculos adecuados para que se pueda desenvolver con agilidad en el feroz mundo de la supervivencia… fabricarle los tendones que le impulsen… dotarle con poderosos mecanismos de depredación… crear el sistema nervioso que la electrifique… generar la serie de órganos que cumplan con solvencia las funciones indispensables… articular la red de arterias y venas que irriguen hasta el último rincón del organismo… Y, una vez listo, besar su boca… unir sus labios a los tuyos… soplar con fuerza en sus pulmones e insuflarle vida… esto último es decisivo porque, aunque parezca que no, lo más importante es que el bicho respire por cuenta propia y se aleje de ti a toda hostia por la oscura senda de la divergencia… o que, inspirado por una primera necesidad, se revuelva y te devore… La palabra escribir, dado su incalculable rango semántico, no es el instrumento idóneo a la hora de comunicar lo que no se puede decir. De igual modo, la palabra entretenimiento no se presta a lo que cabe esperar del público, ni diversión, ni pasatiempo, porque lo ideal es que el lector muera al leerlo y resucite ajeno a lo que fue en otro mundo.

Víctor Zamora: "Cartas Tibetanas".

viernes, 4 de abril de 2014

¡QUÉ MÁS DA!


Ni sustancia ni forma, ni trama ni estilo, ni idealismo ni realismo, ni método descriptivo ni estilo metafórico, ni conceptismo ni culteranismo, ni clasicismo ni vanguardismo, ni sencillez ni complejidad, ni ortodoxia ni heterodoxia, ni copia ni originalidad, ni academicismo ni revolución, ni ética cisterciense ni estética clunyaciense, ni diégesis ni mimesis, ni iconolatría ni iconoclasia, ni gótico ni románico, ni Joselito ni Belmonte, ni Sevilla ni Triana, ni vida ni muerte, ni cuerpo ni alma, ni blanco ni negro, porque ¿qué importa el color del gato cuando lo decisivo es que cace pterodáctilos?

   Arrivederci sobrinos, por más increíble que parezca la vida sigue, no desestiméis las rosas que su jardín os ofrezca, aunque todos los caminos conduzcan al infierno. 

Víctor Zamora: "Cartas Tibetanas".

viernes, 13 de diciembre de 2013

LETANÍA


“Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas”.

Verde absoluto.
Verde mercurial.
Verde eterno.
Verde inmortal.
Verde categórico.
Verde jungla.
Verde primordial.
Verde abismo.
Verde titánico.
Verde música.
Verde sideral.
Verde inmaculado.
Verde atómico.
Verde nuclear.
Verde definitivo.
Verde cósmico.
Verde universal.
Verde platónico.
Verde fuera de la caverna.
Verde omnívoro.
Verde delirio.
Verde apoteosis.
Verde vida.
Verde muerte.
Verde ultraterreno.
Verde incoloro.
Verde sobrehumano.
Verde telúrico.
Verde final.
Verde sangre.
Verde fuego.
Verde mayestático.
Verde irreal.
Verde incorpóreo.
Verde homérico.
Verde herida mortal.

Verde carne, verde luna, verde yegua, verde monte, verde mar en el que se ahogan las ballenas, verde cielo en el que gimen las águilas, verde herida en la que chilla la sangre, verdes barandas donde retumba el agua, verde supremo, verde más allá del sentido y la conciencia, verde al margen de la locura y la razón, verde, verde, verde, verde, verde, verde…

Víctor Zamora: "Cartas Tibetanas". 

martes, 3 de diciembre de 2013

CUESTIÓN CAPITAL.


Ni descripciones exactas, ni personajes verosímiles, ni perspicaces diálogos, ni microscópicos detalles inusitados, ni impecables soliloquios interiores, ni seductoras intrigas, ni articuladas tramas, ni compactas estructuras, ni inspiradas relaciones, ni efectos inesperados, ni singulares contrastes, ni modulaciones refinadas, ni estilos impactantes, ni pensamientos insospechados, ni frases hermosas, ni ideas elegantes, ni formas distinguidas, ni portentosas alucinaciones, ni geniales puntos de vista polifacéticos que abarquen toda la gama del espectro para estupor del lector… Nada de eso sirve para nada, si antes no se resuelve de modo eficiente la cuestión ambiental… porque la principal misión de un escritor es la de habilitar una atmósfera en la que el inconsciente del lector pueda respirar a pleno pulmón desde la primera frase.

Víctor Zamora: "Cartas Tibetanas".

lunes, 11 de noviembre de 2013

OZU





Seguir a uno mismo es una de las más sugerentes y demoledoras ideas que puedan concebirse en el plano político, estético o moral; pero seguirse a uno mismo entraña serias dificultades de tenor insoslayable en el campo de la física existencial y del conocimiento teórico… La primera de ellas reside en la incuestionable dificultad epistemológica de desentrañar que significa exactamente eso de “uno mismo”. ¿Cómo delimitar, sin caer en error ni verse envuelto en estériles especulaciones, de modo claro y distinto, la esencia radical de lo que es uno mismo y no otra cosa, en qué escurridizos principios se fundamenta su ser y en qué se diferencia éste del resto de existentes que le rodea?, evitando al tiempo en el proceso cognoscitivo cualquier matiz de confusión o innecesaria complejidad que lo mande todo al traste. En segundo lugar, seguirse a uno mismo implica por pura lógica vital oponerse a todo lo demás, porque todos los poderes y costumbres que se precien se han de mostrar hostiles por definición a tan loable fin. Por último, y probablemente aquí radique el aspecto más enrevesado del asunto, sería menester establecer sin asomo de duda y antes de iniciar tan peculiar hégira quién es ese extraño ser que ha decidido en el colmo de la voluntad seguirse a sí mismo y cuáles son las diferencias ontológicas existentes entre él y aquello que sigue.

   Hasta la próxima, queridos sobrinos, que la bendición de aquello que llamamos el Señor refresque vuestras almas, porque, como con absoluto acierto dicen vuestras madres, el infierno es esto.

Víctor Zamora: "Cartas Tibetanas".