Los caballos están de luto y las ballenas llorando, pero regresará pletórica la vida al sitio donde los vestidos estén desnudos, los zapatos caminen descalzos y las gargantas cicatrizadas por la luz susurren en carne viva nuevas canciones de amor que iluminen la danza de la resurrección.
¿Quién dijo que las puertas no derraman lágrimas, que las ventanas no vomitan sangre, que los tejados no destilan pus, que los hogares no se hunden cada día un poco ás en los pantanos sin fondo de la noche?