Desaparece el sillón, la chimenea, la sala de estar, las
ventanas, la puerta, el viejo caserón, el sendero del bosque, el pueblo
perdido, la sierra oculta, el país maldito, el mundo agonizante, el universo
decadente, el cuerpo, la mente, el esto, el eso, el aquello, el libro y esa
incómoda cosa que no deja de atosigarnos a la que denominamos realidad… Estás
leyendo…
Hasta la próxima, sobrinos. Hago votos por vuestra salud y
porque vuestra frágil memoria jamás olvide, como preconizaba la abuela, que el
infierno no sólo existe sino que además es esto.
Cuando el gusano, tras una dura ascensión de meses, llegó extenuado a la cima
del árbol para devorar su última hoja fresca e intentar sobrevivir a lo que la
desolación reinante vaticinaba como duro invierno postnuclear, se encontró con
que era artificial y llevaba grabada en la lámina el triangulito de la última
campaña otoñal de El Corte Inglés.
Lo primero que haría mi perra si me viese muerto en el suelo sería darme con la
pata para que la siguiera acariciando o ladrarme para que le pusiera su pienso
en la escudilla.