jueves, 24 de septiembre de 2020

2+2 = 5

 Han convertido el mundo en un plató de televisión, donde ya no son reales ni las sombras de la caverna de Platón.

Fernando Blanco Inglés, "La cuestión Q, 2"

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Mi querida España...

- Pero vamos a ver si nos aclaramos: ¿tú qué le pides a la vida, chavalote?
- Nada del otro mundo. Me conformo con, a través de mi ejemplo, elevar las conciencias, entender las mentes, izar los corazones, convertir cobardes súbditos en noble ciudadanos y hacedles entender la urgente necesidad colectiva de acabar entre todos con lo existente.
- Pues te has equivocado de lugar, fenómeno, aquí ya no quedan ni súbditos ni ciudadanos, sólo público; sólo vil, impúdico y vulgar público, pueblo ínfimo, cadáveres sin enterrar, muertos que pagan todas las noches su entrada al teatro...

Acotación escénica. En este justo instante nuestro personaje da un grácil giro de cuello, estilo Klaus Kinski, que deja fuera de campo a su interlocutor, le sitúa frene a la cámara y le permite seguir con su discurso dirigiéndose directamente al público, desde un intenso primer plano que encuadra sólo su boca.

-... porque en esto, damas y caballeros, han convertido a España: una pésima obra de teatro, una esperpento infecto, a cuya pérfida representación estamos obligados, querámoslo o no,  a asistir todos los días...una obra con un sinfín de pésimos actores a sueldo del régimen, cuyo único objeto es repetir hasta la náusea su vomitivo papel...un nefasto guión, salpicado por abundantes faltas de ortografía, de un aburrimiento que espanta, hecho a base de latiguillos, frases mal hechas y un maloliente lenguaje políticamente correcto...todo ello en un decadente escenario donde nuestra histórica grandeza y ejemplar dignidad han sido sustituidas por un barato decorado de cartón que se cae a trozos en tal que sopla un poco el viento...

José María Blanco White. España es incurable

Fernando Blanco Inglés. "La Cuestión Q, 2"

martes, 22 de septiembre de 2020

Erich von Stroheim

Hechizar

                rescatar

todas las pupilas cautivas

en triste mazmorra ocular.


Fernando Blanco Inglés, "Alrededor del sol"


lunes, 21 de septiembre de 2020

21 de septiembre

 Laetari

      venere

             est

causa voluptatis

laetitia inmensa

et

  stupefacta

            mens.


Fernando Blanco Inglés, "Alrededor del sol"




domingo, 20 de septiembre de 2020

Siglo XXI.

    Lo único que se puede decir con propiedad de esta época es que no es una época. ¿Decadencia ? No. Hubo civilizaciones en decadencia alumbrando de forma maravillosa con teas artísticas su descenso al abismo. No. No alcanza la categoría de época. No hay una música que la defina, ni un estilo literario que la engrandezca, ni una forma de cine que la ilumine, ni un modo de ver interesante, ni una pintura que exprese su alma, ni una inteligencia que la piense, ni causas morales que la ennoblezcan, sin líderes estéticos, ni hermosos gestos, ni revoluciones desinteresadas... Un tiempo de infrahombres, de ideologías pastueñas,  de emasculado, humanismo pestilente... Un tiempo moribundo, intelectualmente hostil a cualquier idea nueva, presidido por el lema de todo lo que no valga vale, ideológicamente cohesionado por la cobardía generalizada, alimentado por la corrupción desmedida, sostenido por un brutal desarrollo tecnológico orientado al control absoluto de la población. Constituye por tanto un milagro de marca mayor el que en ella puedan existir sin que se rompa el mundo un quijote desmadejado y una monja enamorada de Dios.

Fernando Blanco Inglés, "La Cuestión Q, 2"


sábado, 19 de septiembre de 2020

Un ángel peludo...

Cuando me quiero poner ciego, 

un ángel me sirve copas de luz

en el bar más oscuro del cielo. 


Fernando Blanco Inglés.



viernes, 18 de septiembre de 2020

262

 En ese justo instante se enlazan en beso perpetuo los labios queridos de lo por venir y de lo ya ido.

Fernando Blanco Inglés, "La agenda Belmonte"


miércoles, 16 de septiembre de 2020

Sobre el altar del fin.

Sobre el altar del fin
Trece velas
Doce cirios
Once llamas
Diez venas
Nueve dagas
Ocho copas
Siete venenos
Seis gargantas
Cinco muertes
Cuatro almas
Tres velas
Dos cirios
Una llama...
Una llama que palpita...que tiembla...que se agita...que se estremece...que recuerda remotos esplendores...que vaticina futuros imposibles...que gime efímera en silencio...que amordaza su grito con el pañuelo de las penumbras...que duda temblando entre la oscuridad y la luz, antes de ser definitivamente apagada por el gélido soplo de las tinieblas.


Fernando Blanco Inglés, "Oficio de tinieblas"







martes, 15 de septiembre de 2020

 Ninguna cultura, religión, lengua, doctrina o frontera, podrá jamás separar dos gotas de sangre cualquiera que el amor hay unido un solo instante.

Fernando Blanco Inglés, "La agenda Belmonte"



domingo, 13 de septiembre de 2020

Para Canela y Marlon

 La noche no tuvo fin

el día que se conocieron

Chochito de azafrán y

Huevos de Colibrí.

Fernando Blanco Inglés, “Cien cuentos chinos”



sábado, 12 de septiembre de 2020

 ¿Hacia dónde derivará tan confusa situación? ¿Quién sabe? ¿Terminará el fuego por evaporar el agua antes de que el agua apague el fuego? ¿Quién capaz de predecir lo que se irá a tomar por culo y lo que prevalecerá? Nadie hay que adivine el rumbo que han de tomar  los hechos y más si estos, como sucede en nuestra divina comarca,  militan en las indomesticables filas del anarquismo extremo. Si nos atenemos al rigor científico y a la experiencia histórica, es probable que pase cualquier cosa, aún más probable, que la que pase sea la peor.

Fernando Blanco Inglés, "La cuestión Q, 2"


viernes, 11 de septiembre de 2020

11 de setiembre 1973

Negra              pena

en la ciudad vencida

son las calles venas

y sus plazas heridas.


Fernando Blanco Inglés, "Alrededor del sol"


jueves, 10 de septiembre de 2020

 Los muy ladinos han cambiado el divide por el confunde y vencerás. Dividirnos ya nos dividimos nosotros solos presas de la confusión y de las ganas que nos tenemos unos a otros vivimos en realidades prefabricadas con decorados mutantes, en poliédrica representación multitelevisada de lo que no es, entre pésimos actores, fantasmas y engendros, manejados cual vulgares mercancías por chapuceros comerciantes de existencias, bajo el burdo encantamiento de poderosos hechiceros políticos...

Fernando Blanco Inglés, "La cuestión Q, 2"


miércoles, 9 de septiembre de 2020

martes, 8 de septiembre de 2020

¡Qué mas da el color del gato!

 Ni sustancia ni forma, ni trama ni estilo, ni idealismo ni realismo, ni método estrictamente descriptivo ni ampuloso procedimiento formal atestado de metáforas, ni conceptismo ni culteranismo, ni clasicismo ni vanguardismo, ni sencillez ni complejidad, ni ortodoxia ni heterodoxia, ni copia ni originalidad, ni academicismo ni revolución, ni ética cistercense ni estética clunaciense, ni diégesis ni mimesis, ni iconolatría ni iconoclasta, ni gótico ni románico, ni Joselito ni Belmonte, ni Sevilla ni Triana, ni blanco ni negro, ni cuerpo ni alma, ni vida ni muerte, porque ¿qué importa el color del gato cuando lo único decisivo es que cace pterodáctilos?

Fernando Blanco Inglés, "La Cuestión Q,1"







lunes, 7 de septiembre de 2020

7 de setiembre

Fotografiar

                      sacrificar

ese irrepetible instante

en                             el

templo de la seguridad.


Fernando Blanco Inglés, "Alrededor del sol"



sábado, 5 de septiembre de 2020

SI.

 Mi iglesia no tiene pórtico…
Ni escalinatas de acceso
Ni arco de entrada
Ni suelo ni paredes
Ni sillería de mármol
Ni techos ni púulpitos.
Ni campanarios co convocantes.
Ni cánticos de almuacin.
Ni conchas de aguna bendita.
Ni arcos de herradura.
Ni columnas de alabastro.
Ni criptas subterráneas.
Ni cúpulas de cristal.
Ni rosetones góticos que filtren, a través de las sombras, sofisticados juegos de luz.
Ni Este, ni Oeste, ni Norte ni Sur.
No.

Mi iglesia no tiene sagrario ni hostias consagradas…
Ni patenas relucientes
Ni copones que hayan sdol fabricados por exquisitos artesanos medievales con plata bendita.
Mi iglesia no tiene ni tabernáculo ni ara ni piedra sagrada  ni altar…
Ni hornacinas que semejen siniestros escaparates de tumbas verticales
Ni ídolos antropomorfos.
Ni estatuas de santos.
Ni profetas clarividentes.
Ni ángeles taciturnos.
Ni iconos ortodoxos.
Ni orondos Budas sonrientes.
Ni vírgenes lacrimosas.
Ni Cristos crucificados.
Ni retratos abstractos de Alá.
No.

Mi iglesia no tiene  bancos de caoba pulida.
Ni confortables almohadones.
Ni  reclinatorios de sucios terciopelo donde los espíritus se prosternen y las almas atormentadas ejerciten la genuflexión cotidiana de sus culpas.
Ni confesionarios que alivien el dolor…
Ni ceremonias que mitiguen la angustia.
Ni signos mistéricos.
Ni señales transcendentes.
Ni símbolos totémicos
Ni cirios encendidos
Ni velas apagadas.
Ni cincelados candelabros de plata.
Ni mantos bordados con rutilante pedrería ni alambicados laberintos de oro.
Ni órgano barroco preñado de oratorios sublimes
Ni simpáticos coros en lo alto que propalen sobre el mar del misterio armónicos cánticos polifónicos.
No.

Mi iglesia no tiene atril…
Ni micrófonos inalámbricos.
Ni púlpitos elevados.
Ni escrituras divinas.
Ni suntuosos manuscritos aderezados con maravillas iluminaciones.
Ni volúmenes sagrados que guarden, desde la noche de los tiempos, implacables mandamientos dictatoriales.
Ni fieles enfermizos.
Ni beatas incondicionales.
Ni chamanes
Ni hechiceros.
Ni druidas.
Ni imanes alucinados.
Ni monjes de azafrán.
Ni sectas de eunucos.
Ni cabalísticos rabinos.
Ni fantasmales sacerdotes  dogmáticamente almidonados.
Ni tiene ritos esotéricos…
Ni disciplinas arcanas
Ni cultos  enmohecidos.
Ni ortodoxias recalcitrantes.
Ni falsas promesas putrescentes
Ni infernales admoniciones condenatorias.
Ni pactos mezquinos con el paraíso.
Ni dogmáticas oraciones cadavéricas.
Ni extrañas representaciones litúrgicas.
No.

Mi iglesia no tiene pebeteros aromáticos.
Ni rancios perfumes hediondos.
Ni ramos de flores agonizantes.
Ni urnas de cenizas sedientas de vida.
Ni salmos.
Ni aleyas.
Ni versículos.
Ni sorprendentes koans.
Ni exuberantes sutras inexplicables.
Ni taxativas leyes talmúdicas.
Ni  mantras que inhiban las ruedas oxidadas del pensamiento.
Ni efectos mágicos de luz vibrando sobre el polvo tembloroso de los siglos.
Ni falsos dioses inventados  en la noche del terror por el hombre para amparar bajo el manto del misterio sus estravagantes desvaríos.
No.

Mi iglesia
                                Aire inmortal que agoniza en el viento.
Sin estar  en ningún sitio

                                          Se halla  en cualquier lugar
Es eterna en el tiempo
Visible e invisible
Expele aromas de fuego y azahar

Y permanece siempre en silencio.

 

¿y usted?

     No tendré miedo… por fin dejaré de tener que preguntarme por quién doblan las campanas… a tomar por culo el rollo de John Donne… que se jodan aquellos por los que no repican… que agonicen en silencio… por mí, como si se quedan mudas para siempre… aunque un elegante recital de campanadas ortodoxas –aquí, allí o en cualquier lugar– siempre se preste a ser percibido como una clemente bendición para los que a pesar de todo nunca perdieron la fe… 

   No tendré miedo… se acabó eso de sufrir al ver cómo estallan las espumas del sinsentido entre las olas del deseo y las rocas de la decepción… 

   No tendré miedo… Aleluya… Hosanna en el cielo… Sursum corda… resuenan con jubiloso silencio las campanas de la resurrección en multitud de templos que no se pueden ver… 

   No tendré miedo… ¿hasta cuándo resistirán sin decolorarse los cuadros de Murillo, de Zurbarán, de Brueghel, de Alonso Cano, de Fray Angélico, de Giotto… o sin hacerse polvo el David de Donatello, la Piedad de Miguel Ángel, el Rapto de Proserpina, los frisos babilónicos, los encantadores leones de Persépolis?… ¿quién escuchará cuando no haya oídos las suites para jazz de Shostakóvich, las alegres oberturas de Rossini, los indómitos quejidos de Camarón, los silencios mastodónticos de Prokofiev, los solos interestelares de Miles Davis?... ¿qué luna incógnita alumbrará piadosa al llegar la noche los escombros de la Alhambra?... ¿Cuántas damas ibéricas seguirán enterradas bajo la arena sin que nadie ya pueda descubrirlas y besarlas llorando?... ¿qué viento helado soplará sobre el cadáver insepulto de España?... 

   No tendré miedo… ni, ahora que lo pienso, lugar desde el que tenerlo… no seré de ningún sitio, porque ambos mundos desaparecerán y yo entre ellos… ¿Por qué preocuparse? ¿De qué sentir temor?... 

   No tendré miedo… directo al Limbo, donde mejor se está… sin nada que ver, mires a donde mires, se pose donde se pose tu mirada… donde no pueden haber ni ángeles con arpa ni cabrones con rabo… 

   No tendré miedo… al fin libre… he cumplido condena en la cárcel de la Tierra… me liberé de sus innumerables cadenas, de sus puertas de hierro, de sus rejas de aire, de sus ventanas de granito… 

   No tendré miedo… ni siquiera me pica la curiosidad por saber qué será de esta pandilla de monos extraviados... ¿cuál será su fin?... ¿hasta cuándo se soportarán entre ellos? ¿En qué momento, hartos de sí, encenderán la mecha del Apocalipsis y la excitarán con su aliento?... 

   No tendré miedo… volveré a ser inmortal… todo lo seré cuando vuelva a ser nada: el agua del mar, el aire del viento, el fuego del incendio… 

   No tendré miedo… la muerte… qué cosa en verdad tan admirable, aunque todo el mundo hable de ella sin tener remota idea… los únicos con cierto tino, los sumerios, gente elegante donde las haya… pueblo dotado de finísima sensibilidad poética, que, muchos años antes de que proliferaran por doquier los delirios religiosos, tan sólo dedujeron del luctuoso hecho la pérdida absoluta de conciencia y el retorno al caos… 

   No tendré miedo… dejaré de no reconocerme cada vez que contemple los oscuros espejos tras los que se esconde el mundo… 

   No tendré miedo… estaré tan sin mí que no sabré que no soy yo… me miraré y no veré a nadie… me palparé y estaré tocando la nada… me intentaré sentir y experimentaré el vacío… 

   No, no tendré miedo… se irá por fin a tomar por culo la angustia… se quedará vacío el fardo de las culpas… dejará de darme por saco en el burdel de la conciencia el pijo maldito de la perpetua insatisfacción… 

   No tendré miedo… ¡cómo son las cosas!… ¡qué raro, el mundo!… a estas horas, después de haberme atizado unas cuantas copas, estaría yo tumbado en mi sofá tan tranquilo, viendo en la tele los animalicos de la 2, a punto de echarme la siesta, en la cárcel del asilo, aguardando con insurgente excitación la hora de la merienda con mi Ángel de la Guarda… y fíjate por dónde, ha dado un vuelco radical mi existencia… esta vez me ha ofrecido la paya, sin necesidad de consultarlo conmigo, en vez de té con pastas, ser la libertad… 

   No tendré miedo… no habrá más pánico ni espantos… ni cualquier otro terror que inquiete mi espíritu… salvo que en una gracia propia de hijo putas sin conciencia me manden los desalmados al perro para jugar al escondite conmigo en el parque de la eternidad… 

   No tendré miedo… todos los números y palabras desaparecerán de la pizarra como si nunca hubieran existido… ¡Madre mía, qué gusto!... a partir de ahora, a dejarse de prótesis malolientes y a entendernos como debemos… si es que quedara alguien con quien entenderse… cosa que de momento todo se inclina a certificar que no… mejor que mejor… 

   No tendré miedo. He sido invitado a una gloriosa fiesta anónima en la que no tendré, bendito sea el cielo, oportunidad de cruzarme con nadie; porque a tal tipo de acto, presidido por la música del silencio, les está vetado asistir a los seres del mundo.

   No tendré miedo… el espacio dejará de ser la cárcel y el tiempo la condena… hoy no será hoy nunca más… ni saldrá mañana… ni vendrá la tarde… ni volverá a comparecer la noche con la piel traspasada por los puñales de la luz… 

   No tendré miedo… los montes son mis compadres… mis amigos, los ríos… mi único amor, el mar… vendrán alegres todos conmigo a donde no estemos ninguno y dios deje al fin de molestar con su maldita presencia… 

   No tendré miedo… regreso al hogar… todo lo que fue separado del origen añora el instante de la unión… es imposible la vida aparte… un delirio escindido… una alucinación compartida por millones de inexistentes que buscan consuelo lejos de la verdad en el mayor de los engaños… 

   No tendré miedo… subiré con bizarría las escaleras que conducen a la puerta de la catedral de la Muerte… sobrio y gentil, como un noble antiguo ascendiendo con presta elegancia los áridos escalones del cadalso… con la sonrisa en los labios… con incendios en mis ojos… con minas de oro y diamantes brillando gestos profundos en mi interior… cortés y dispuesto, marcial y valiente, como un novio el día de su boda con la Muerte… 

   No tendré miedo… los ángeles, fieles a la palabra del Señor, inflamarán, llegado el momento de cumplir la antigua promesa, las trompetas definitivas de la resurrección… 

   No tendré miedo… hágase la oscuridad… venga el misterio… revélese el secreto… regocíjese la Nada… vibre de gozo el Vacío… No tendré miedo… No tendré miedo… No tendré miedo… No tendré… No… ¿Y usted?...

         En La Posada del Candil, año de gracia 2014, 2 de Noviembre.

Fernando Blanco Inglés, "Mimesis"





viernes, 4 de septiembre de 2020

No tendré miedo

    No tendré miedo… no es posible matar lo que no está vivo ni se ha inventado de momento la forma de que los muertos mueran más de lo que están… 

   No tendré miedo… no será tan distinto… bajo todos los cambios, por más abruptos y radicales que sean, hay siempre una línea de continuidad que se mantiene incólume… quiero decir que seguiré estando muerto, pero en mejores condiciones: sin tener que darme cuenta ni ser consciente de ello, ni teniendo que arrostrar los severos inconvenientes que conlleva ejercer el disimulo de seguir vivo… 

   No tendré miedo… la abolición de mi ser es para mí el más noble de los dones… 

   No tendré miedo… bienvenida la muerte… la auténtica novia de mi vida… con los ojos ensangrentados y el sexo en llamas… 

   No tendré miedo… ¿de qué habría que tenerlo si estoy a punto de echar el polvo definitivo y de experimentar el gozo infinito?… ¡Ah, El Polvo Supremo, el que transporta en alas de placer eterno al sitio del que nadie puede volver!… 

   No tendré miedo… bendita sea la guadaña… con su filo incorruptible… con su elegante modo de danzar en el aire y segar cuellos, como si hiciera pespuntes con el hilo del viento mientras musita una balada en los oídos de la nada… 

   No tendré miedo... ¿Qué interés puede haber, que no sea el terror a lo venidero, en habitar un mundo en el que la imagen del espejo que contemplas ya no te reconoce?… 

   No tendré miedo… volveré por fin al sitio del que nunca debí salir… nada echaré de menos porque todo lo seré en la gloria de Dios… 

   No tendré miedo… Tat Tvam Asi… eso eres tú… la Nada vestida de color… el Vacío cubierto de sonidos… 

   No tendré miedo… ¿por qué la gente se pasará la vida acojonada con la muerte?... ¿a qué se deberá tan estúpida turbación si a nada hay que temer, salvo al hecho de estar vivo?… Con lo a gusto que estábamos cuando no éramos… flotando todos tan felices sobre un vacío en calma… desperezándonos en el liquido amniótico de dios…

   No tendré miedo… el Señor no es mi pastor ni yo su oveja… no habrá lúgubre Valle de Sombras que atravesar… ni necesidad de cayado pastoral en el que apoyarse… ni melifluas frases de consuelo… ni impertinentes bendiciones póstumas… ni latines fúnebres expelidos por la boca descompuesta de los representantes de la Iglesia… 

   No tendré miedo… ¡qué hostias!... la vida no existe… ha sido todo mentira… una engañifa fugaz… una vulgar estafa… un sabotaje perpetrado por las crueles apariencias para hacerte creer que eras alguien en un mundo real… el zafio truco de un torpe demiurgo que no daba para más… 

   No tendré miedo… no derramarán mis ojos una lágrima por alejarme de ahí… de donde ya no sé si estoy… de donde nunca podré estar seguro que alguna vez fui… 

   No tendré miedo… ¿por qué?... sólo será otro modo de no estar… otra forma de no ser… otro estilo inexistente de vida… 

   No. No tendré miedo… se acabó lo de gesticular como si se estuviera vivo en la noche de los muertos vivientes… de arrastrarme por las alcantarillas… de pernoctar en las cloacas… ya está bien de seguir haciendo como que sí, cuando es que no… 

   No tendré miedo… un solo gesto de gallardía exculpa toda una vida disoluta… seré eximido… exonerado de mis desgracias… me serán condonadas todas mis deudas por la gracia bendita del Espíritu Santo… lavadas todas mis culpas con las aguas bautismales del retorno porque el único pecado en definitiva era ser… 

   No tendré miedo… me hallaré lo más lejos posible de mí… a una distancia infinita… no tendré que soportarme… podré repantigarme en el lecho de mi ausencia… descansar a mis anchas de mi penosa compañía… 

   No tendré miedo… dejaré de luchar en mi contra… de toparme conmigo… de volverme loco tratando de convencerme… de cruzarme a cada paso con ese desconocido al que le pusieron mi nombre… 

   No tendré miedo… ¡qué descanso!… no tendré más deseos oscuros que me carcoman por dentro ni gusanos saliendo por la cuenca de mis ojos exigiendo su dosis diaria de carroña… 

   No tendré miedo… aunque quién sabe si nostalgia… ganas de saber qué será de todo aquello... de cómo las nieves de antaño se derriten en el Vacío… ¿Dónde estarán los perfumes embriagadores de las flores desaparecidas?, ¿dónde, los colores mágicos de los antiguos ocasos? ¿Qué será del parque de Floridablanca?... ¿cuándo cerrarán las puertas del Ipanema?... ¿cuál será la última botella del Hungaria?... ¿cómo se marchitará la Plaza de las Flores?... ¿cuánto tiempo pasará antes de que planten un rascacielos en el Jardín de la Pólvora?... ¿quién será el último de nosotros que un mediodía otoñal dé un paseo por las ruinas del Tontódromo con los ojos sangrando lágrimas?… 
   
    No tendré miedo… ¿qué será de los besos que nos dimos, de los amores que nos profesamos, de las pasiones en las que nos confundimos?... ¿en qué apocalíptico fuego arderán las letras de los versos que escribimos con sangre al juntar nuestros cuerpos?… 
   
    No tendré miedo… ¿cómo se puede tener nostalgia de lo que no es?... seguramente, por la sencilla razón de que de lo que es jamás se tiene nostalgia… 

Fernando Blanco Inglés, "Mimesis"

jueves, 3 de septiembre de 2020

Dies Irae

 No tendré miedo… cesará por fin mi mala suerte… Cuando deje de ser, el Cielo y la Tierra se pondrán de mi parte y sacarán del bombo el premio gordo cuando llegue mi turno… 
   No tendré miedo… nada como el placer inenarrable de cerrar los ojos y no tener que volver a abrirlos jamás… 
   No tendré miedo… que le den por saco al ser… que se joda la existencia… ¿por qué iba a tenerlo quien piensa pasarse unas envidiables vacaciones tumbado a la bartola en la hamaca de la eternidad, infinitamente lejos de un mundo plagado de intimidaciones abstractas y amenazas concretas?… 
   No tendré miedo… Un día de cólera oscuro como la noche se apoderará del mundo
   No tendré miedo… Un día de cólera el sol se apagará envuelto en las tinieblas
   No tendré miedo… Un día de cólera el fuego caerá sobre nosotros y el bello castillo de la Tierra perecerá
   No tendré miedo… Un día de cólera gritarán deteneos, y los relámpagos amenazarán a los hombres con el oleaje acusador de sus acciones… mira por dónde, qué gracia, yo ya no estaré allí y el fin del mundo se tendrá que celebrar sin mi presencia… supongo que las autoridades, en vista de lo visto, sabrán disculparme… 
   No tendré miedo… Un día de cólera el sonido de las trompetas llamará a los vivos y a los muertos… no habrá sitio al que huir ni tumba en la que poder esconderse… No me jodas que, aun estando muerto, me fastidiarán la siesta esta banda incalificable de hijos de puta… hay que tener muy, pero que muy mala hostia para irte a resucitar con el exclusivo fin de volverte a condenar… Da igual, me importa un pijo, no tendré miedo, no les daré ese gusto, a pesar de los pesares y del sublime acojono que me está entrando por dentro, que me trepa por las venas, que me asfixia la sangre y no me deja ni respirar… 
   No tendré miedo… lo tengo más claro que el agua: es preferible morir a tener que vivir conmigo… se acabaron las disyuntivas… 
   No tendré miedo… ¿morir? Qué cosa tan tonta… Si me paro a pensarlo, no he deseado otra cosa en mi vida… con toda mi alma… 
   No tendré miedo… por mi mente sólo pulularán mar, olas, viento y los veleros de la nada surcando sin prisas el mar del vacío… 
   No tendré miedo… ¡qué cojones!… a tomar por culo los valles de lágrimas, los montes del Calvario, la puta esclavitud de los que nacimos predestinados en los fétidos corrales de la Muerte… 
   No tendré miedo… ¡Oh, muerte, irme contigo de la mano, lejos de todo esto! ¡Qué placer inenarrable, qué regalada vida, qué lujo existencial!... 
   No tendré miedo… desaparecerán de mi vista todos ellos… no quedará ni uno… dejarán por fin de joderme… no habrá más mujeres insatisfechas,  ni novias despechadas, ni oportunistas que medren a tu costa, ni estafadores al acecho, ni arribistas que te pisen el cuello, ni prestidigitadores del capullo, ni perros hijos de puta, ni facturas, ni bancos, ni querellas, ni gatos neuróticos, ni esa multitud asombrosa de imbéciles a los que resulta imposible evitar en una ciudad tan pequeña como ésta… 
   No, no tendré miedo… saldré de la realidad con la túnica inmaculada de los domingos y las sandalias exentas de polvo… 

Fernando Blanco Inglés, "Mimesis". Ed. Contrbando, 2017